En muchas situaciones de la vida, sentimos una contradicción: una parte de nosotros quiere llorar, otra parte actuar fríamente. Quieres perdonar, y otra parte exige justicia. Existimos en una lucha entre lo que sentimos y lo que pensamos, entre lo que nos dice el corazón y lo que manda la lógica. Sin embargo, casi siempre terminamos actuando por impulso o confusión.

Marsha Linehan, la psicóloga que desarrolló la Terapia Dialéctica Conductual (DBT), tenía una forma simple y hermosa de pensar en estos conflictos internos. Ella hablaba de tres tipos de estados mentales que todos experimentamos:

  • La mente emocional, que predomina cuando nos guiamos por reacciones y decisiones impulsivas.
  • La mente lógica, que solo mira datos, hechos y lógica.
  • La mente sabia, ese espacio interior donde la emoción y la razón se fusionan para producir decisiones equilibradas, compasivas y verdaderas.

La mente sabia no compite con el ruido del miedo o la lógica. Es la voz tranquila que permanece y espera a ser escuchada para guiarnos con claridad, incluso en los momentos difíciles.

Veamos ahora la historia de Ana.

LA HISTORIA DE ANA Y EL DOLOR POR ABANDONO

Ana tenía 12 años cuando su padre se fue de casa. Lo último que vio fue la sombra de su mochila al salir por la puerta. Nunca hubo una explicación clara, ni un adiós para soportar esa herida. Solo silencio.

Durante mucho tiempo, su mente emocional la guió: tristeza, ira, abandono. Cada llamada sin respuesta y cada cumpleaños sin su voz agravaba el dolor.

Después de varios años, Ana comenzó a pensar sobre el tema. Su mente lógica intentó explicarlo: “Tal vez simplemente no sabía cómo ser un padre” o “Tal vez tenía sus propios vacíos que llenar”. Sin embargo, no sentía paz.

Un día recibió una llamada telefónica de la nada, su padre estaba enfermo y quería verla. Su emoción gritó “¡No!” Su lógica respondió “No es tu responsabilidad”. Pero en medio del ruido, Ana observó algo más. Una voz más calmada y profunda.

Esa era su mente sabia. No hablaba desde la historia ni desde la obligación, sino desde la posibilidad de sanar.

Fue a verlo.

No fue una reunión perfecta. No hubo largas disculpas ni soluciones milagrosas. Dos manos entrelazadas y una lágrima cayendo dijeron mil palabras. Ese fue el momento en que Ana liberó la carga del resentimiento, no por él, sino por ella misma. Porque sabía que el perdón no borra lo que sucedió, pero puede liberar lo que aún duele.

Al igual que Ana, nosotros también podemos conectar con la mente sabia. Aquí hay un ejercicio que puedes hacer para ayudar a prevenir sentimientos que pueden estar en desacuerdo con lo que piensas: (basado en la perspectiva de Marsha Linehan, fundadora de DBT)


  • Pausa y respira

    Encuentra un lugar tranquilo. Inhala por la nariz contando hasta 4, mantén la respiración durante 4, y exhala por la boca contando hasta 6. Repite cinco veces.
Esto calma la mente emocional; ayuda a crear un espacio interior.
  • Identifica cómo te sientes
    Pregúntate: ¿Cómo me siento en este momento? ¿Dónde lo siento en mi cuerpo? ¿Qué nombre le daría?
Darle un nombre a la emoción la hace menos intensa. No la compares, no la evalúes, no la juzgues, solo obsérvala.
  • Permítete ser curiosa con los hechos
    Pregúntate con claridad y sin juicios ¿Cuáles son los hechos reales de esta situación? ¿Qué haría una persona razonable si estuviera en mi lugar?
Esto te permite encontrar un equilibrio entre sentimiento y razón.
  • Consulta tu mente sabia
    Visualiza que dentro de ti hay un lugar más sabio, más relajado y más compasivo. Pregúntale: ¿Cuál es la elección que me traerá paz? ¿Qué necesito realmente?
No fuerces las respuestas. A veces, la mente sabia hablará en palabras, otras veces en sentimientos.
  • Registra lo que surge
    Escribe lo que escuchaste o sentiste. Esto es lo que fundamenta tu claridad a la que podrás volver en un momento posterior.

La mente sabia no se busca fuera, está en ti. A veces se oculta tras emociones intensas o pensamientos abrumadores. No necesitas eliminar nada, solo observar lo que ocurre con atención y decidir desde un lugar de equilibrio y compasión.

¿Y nosotros? ¿Estamos actuando desde el impulso, la lógica o la mente sabia? A veces, las respuestas que necesitamos no llegan como grandes revelaciones, sino como una verdad suave y casi silenciosa.

Imagina por un momento cómo sería tu vida si, a partir de ahora, comenzaras a escuchar más a tu mente sabia.

Te envio un fuerte abrazo

Luz María
Coach Profesional